Comentario sobre Right reason and moral gods

Sospecho que Kavka comete el mismo error que, a mi juicio, cometió Olaso. Consiste en confundir obligación política con verdad o corrección epistemológica. Según Hobbes, tanto la aritmética como la ley natural están compuestas por teoremas infalibles de la razón. Pero los hombres, tanto al razonar sobre problemas de aritmética como cuando lo hacen acerca de la ley natural, son falibles, pueden equivocarse y disputar entre ellos acerca de quién tiene razón. Si desean poner fin a la disputa para evitar que ésta degenere en una pelea violenta, elegirán de común acuerdo un árbitro. El árbitro es un hombre o grupo de hombres, tan falible como aquellos otros hombres que disputaban y lo convocaron. La decisión del árbitro logra evitar la pelea, pero no hay ningún motivo para sospechar que los acerque a la verdad. cursos de maquillaje

En “Right reason and moral gods”, Stephen D. Hudson se refiere a la arbitrariedad de las decisiones del soberano comprendido como árbitro. Aun cuando el problema que se propone resolver Hudson no guarda relación con la libertad de expresión, de todas maneras algunos aspectos de su artículo son pertinentes para mi interpretación. La pregunta que intentara responder Hudson es la siguiente:

“¿Puede Hobbes mantener consistentemente que la ley es la medida del bien y del mal moral?” (p. 134). Confiesa Hudson: “Si puede, entonces habrá logrado algo que yo siempre me sentí inclinado a pensar que era imposible: habrá mostrado que cierto tipo de subjetivismo radical de los valores es compatible con lo que yo considero que es la teoría más razonable acerca de la relación entre razón y verdad moral” (p. 134). Esta teoría es sencilla, pues se limita a formular que la verdad moral es simplemente aquella que se apoya en las mejores razones morales. Si alguien afirma que una determinada acción es mala, se le puede preguntar por qué es mala. cursos de enfermeria

 

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El desafío de Hobbes

Si así fuera, entonces no hay razón alguna para considerar que es malo tomar helado de vainilla, pues no son las mejores razones morales las que sustentan esta prohibición, sino la arbitrariedad de la voluntad soberana. Ahora bien, según Hudson, Hobbes acepta este desafío que consistirá en hacer compatibles ambas posiciones: (i) que la ley es la medida del bien moral y (ii) que moralmente verdadero es el juicio sustentado en las mejores razones morales. Veamos cómo, según Hudson, Hobbes intenta compatibilizadas pero no lo logra.

Hobbes afirma que la autoridad del soberano no está condicionada. El soberano posee autoridad ilimitada para resolver problemas. En este sentido, afirma Hudson, la voluntad del soberano es arbitraria y “no tiene por qué haber razones para que el soberano ordene este acto (i. e. no tomar helado de vainilla)” (p. 141). Pero, siempre según Hudson, Hobbes no persevera en esta línea de razonamiento pues sostiene que se instituyó t.m soberano con el propósito de obtener la paz y, en la medida en que este propósito debe regir su voluntad, esta voluntad no puede ser arbitraria. Concluye Hudson: “Por lo tanto la voluntad del dios mortal debe ordenamos que no hagamos algo porque es malo hacerlo; estábamos equivocados al pensar que la voluntad del soberano por sí misma es lo que hace malas las acciones” (p. 141). Si las decisiones del soberano no se apoyan en buenas razones, entonces son arbitrarias. Ahora bien, si el pensamiento de Hobbes habrá de ser consistente con la concepción simple de la verdad moral, el soberano deberá desear que un acto sea malo porque es en sí mismo malo. Pero entonces la voluntad del soberano es irrelevante con respecto a la maldad del acto, pues ésta ya no depende de aquella. Por lo tanto, la voluntad del soberano no puede ser la medida común de lo bueno y de lo malo. Y Hobbes, obviamente, no puede aceptar estas consecuencias.

¿Dónde se origina el problema que trae consecuencias tan nocivas para el sistema de Hobbes? Según Hudson, ocurre que la concepción simple de la verdad moral es incompatible con la concepción de Hobbes de la recta ratio, según la cual -como muestra la interpretación de Hudson del Leviathan, capítulo 5.

Errores de Hudson y Kavka

Si alguien afirma que una determinada acción es mala, se le puede preguntar por qué es mala. Si no encuentra razones para sustentar esa afirmación, el juicio se rechaza por ser infundado y arbitrario. Tal es, según la denomina Hudson, la “concepción simple de la verdad moral” (p. 135) y, siempre según Hudson, Hobbes la acepta plenamente. El problema, entonces, consistirá en examinar si Hobbes puede sostener simultáneamente que la ley es el criterio del bien moral y que moralmente verdadero es el juicio que se ftmdamenta en las mejores razones morales. La conclusión de Hudson será que la teoría de Hobbes es contradictoria, pues no puede coherentemente sostener ambas posiciones a la vez. (Uno de los puntos discutibles del trabajo consiste en la demostración de que Hobbes es partidario de la “concepción simple de la verdad moral”. El examen de esta cuestión nos alejaría de nuestro tema. Supondremos que Hobbes acepta esta concepción simple.)

Según Hudson, Hobbes sostiene una tesis subjetiva radical acerca de la naturaleza del valor, pues afirma que en el estado de nahualeza “bueno” es aquello que apetezco y “malo” lo que aborrezco. Esto provoca que lo que es bueno para un hombre no lo sea para otro. Sólo hay coincidencia en un punto: la naturaleza humana es tal, que todos los hombres se esfuerzan por evitar la muerte y buscan su preservación. Al no haber una armonía natural de intereses, y llevados por el deseo de preservar sus vidas, los hombres instauran una armonía artificial: la ley cumple el propósito de armonizar los intereses públicos y los privados. Como no hay tma recta ratio natural, se crea tma artificial.

Ahora bien, Hudson se propone examinar si esta solución hobbesiana es compatible con lo que denominó “concepción simple de la verdad moral”. Parte del siguiente ejemplo: el soberano ordena que nadie puede tomar helado de vainilla. Admite que, segl’m Hobbes, tma acción es mala porque el soberano así lo establece, y no que tma acción es en sí misma mala y el soberano así lo reconoce. Todo parece indicar, al menos a primera vista, que el soberano no suscribe la “concepción simple de la verdad moral”, sino que, por el contrario, su voluntad -que es la regla del bien y del mal- es arbitraria.