Más sobre la adaptación en Spinoza

El conjunto de historias que componen lo que se conoce como Biblia no es, por lo tanto, de lectura obligatoria. Si alguien las lee y esa lectura no ejerce en el lector una acción transformadora, entonces “es lo mismo que si hubiera leído el Corán o creaciones poéticas escenificables o las crónicas ordinarias” (cap. V, p. 79). Aun cuando Spinoza no lo dice explícitamente, podemos sugerir el razonamiento inverso: si alguien lee el Corán o asiste a una representación teatral y se imprime en él una tendencia hacia la obediencia y la devoción, entonces es tan bueno haber asistido al teatro o haber leído el Corán como haber leído la Biblia. De todos modos, Spinoza llega a decir que “la fe en las historias, cualesquiera que ellas sean, no pertenece a la ley divina rú hace, por sí sola, felices a los hombres” (loe. cit.) y agrega que “las narraciones contenidas en el Antiguo y en el Nuevo Testamento son más importantes que las demás historias profanas … según la proporción de opiniones salvíficas que de ellas se siguen” (ídem) (prnestantiores sunt, pro rntione salutarium opinionum). Quien las ignora completamente y, no obstante, tiene opciones saludables y lleva una vida honesta “es totalmente feliz y posee realmente el espíritu de Cristo” (ídem). No sólo las narraciones son adaptaciones; también lo son las ceremonias y, en general, todas las normas y formas de culto. Las ceremonias se adaptaron a las necesidades del Estado hebreo (Hebrneis tantunz institutae, & eorum imperio ita accommodatae fuerint) y sólo tuvieron utilidad -y, por lo tanto, vigencia mientras duró ese Estado (cap. V, p. 69).

 

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La doctrina de la adaptación como fundamento de la tolerancia

La lectura que Spinoza hace de la Biblia es, aparentemente, muy distinta de la de Hobbes. Aparentemente, puesto que ambos en última instancia persiguen idéntico objetivo, a saber, mostrar que el contenido de la religión se resume en un par de preceptos que también pueden fundarse racionalmente, tales como obedecer al soberano y no hacer a los demás lo que no queremos padecer nosotros. Es distinta, sin embargo, porque en el ITP Spinoza recurre a la Biblia con el propósito de encontrar en ella una base adicional para sus argumentos a favor de la libertad de expresión y de la tolerancia religiosa, mientras Hobbes buscaba apoyo para su teoría de la soberanía. Ambas lecturas persiguen la misma conclusión, pero para incorporar dicha conclusión a distintos argumentos. Según mi lectura del ITP, el propósito que persigue Spinoza en la primera parte de la obra (caps. I-XV) consiste en mostrar el problema de la tolerancia desde diversas perspectivas, y sólo secundariamente se propone un novedoso método de crítica bíblica (aun cuando el interés de los intérpretes se haya centrado en la originalidad de este método mucho más que en el propósito original del libro). Hice referencia ya a la analogía básica que articula la totalidad del texto: así como Dios concede libertad de culto a sus criaturas, así también el soberano deberá tolerar idéntica libertad. Los primeros quince capítulos del libro están destinados a probar la primera parte de la analogía, a saber, que Dios concede libertad a sus criaturas para expresar libremente sus opiniones y honrarlo como mejor les parece. Es la parte teológica del Tratado puesto que sus argumentos se basan en la interpretación de la Biblia. El propósito de Spinoza es mostrar la distinción entre teología y filosofía. Si la teología nada tiene que ver con la filosofía, los teólogos nada tendrán que exigir ni reprochar a los filósofos. La libertad de filosofar -cuestionada reiteradamente en época de Spinoza- queda así fundamentada y protegida frente a sus principales censores: los teólogos, que, en nombre de la Biblia, rechazaban el cartesianismo y la nueva ciencia. Hobbes había sentenciado que es la autoridad, y no la verdad, la que establece las leyes. Spinoza explicita esta distinción. El tema principal de la teología es la obediencia; el de la filosofía, en cambio, es la verdad. Al ser distintas, una puede concebirse sin la otra. Ninguna subordina, ni queda subordinada, a la otra. Dios y la Biblia -señala la lectura bíblica de Spinoza- no se expiden sobre la verdad o la falsedad. Los profetas no son filósofos. La analogía fundamental del texto puede replantearse de la siguiente manera: así como los profetas no son filósofos, así tampoco deberá serlo el soberano. Spinoza, al igual que Hobbes, dirige sus dardos contra el rey filósofo de Platón.

 

Breve biografía de Spinoza

Hubertus Gesinus Hubbeling se tomó el trabajo de desplegar y comparar las diversas fuentes sobre la vida de Spinoza (Bayle, Colerus, Freudenthal, Vaz Días, Tak, Jelles, etc.) mostrando sus coincidencias y divergencias. Transcurrió, quizás, de la siguiente manera. Hijo de una familia “marrana” (i.e., judíos españoles y portugueses obligados a convertirse al catolicismo durante la Inquisición), Baruj (o Benito en español, o Bento en portugués o Benedictus en latín) de Spinoza o Espinosa o d’Espinoza nació el 24 de noviembre de 1632 en Amsterdam, donde su padre, procedente del sur de Portugal, se había afincado hacia fines del siglo anterior.

Aun cuando llegó a poseer un buen dominio de la lengua hebrea, de la cual escribió una Gramática, no recibió la educación talmúdica que solía atribuírsele, sino tan sólo una educación básica en los niveles inferiores de la escuela “Ets Haim” (Árbol de vida). Trabajó junto a su hermano en la firma comercial de la familia mientras continuaba estudiando por su propia cuenta.

Conoció a diversas personas interesadas en filosofía y teología, principalmente cartesianos y menonitas. Serán sus amigos de siempre: Jarig Jelles, Simon Joosten de Vries, Pieter Balling. Lógicamente, el cartesianismo lo va alejando del judaísmo. Termina, como tantos otros de sus correligionarios, siendo expulsado de la sinagoga en 1656. Debe dejar la empresa familiar y comienza a pulir lentes. Según declaraciones al Tribunal Inquisidor realizadas por Lorenzo Escudero, artista católico convertido al judaísmo, entre 1656 y 1661 Spinoza habría continuado viviendo en Amsterdam. En 1660 ó 1661 se encuentra en Rijnsburg, donde escribe el Tractatus de Intellectus Emendatione (Tratado de la reforma del entendimiento), que deja inacabado, y el Korte verhandeling van God, de mensch en deszelfs Welstand (Tratado breve de Dios, del hombre y de su felicidad), obra probablemente escrita en latín y luego traducida o dictada a sus alumnos en holandés, hallada por primera vez en los manuscritos en el siglo XIX, cuyo contenido anticipa los temas de la Etica. En Rijnsburg escribe también una exposición more geometrico de la primera y segunda parte de Los principios de la filosofia de Descartes y lo publica seguramente a pedido del círculo de amigos cartesianos (Renati Descartes principiorum philosophiae pars 1 et 11, more geometrico demonstratae). El libro aparece en 1663 con prólogo de Lodewijk Meyer, en el que aclara que pretende ser la exposición fidedigna de la obra de Descartes. Agrega unos pensamientos metafísicos (Cogitata Metaphysica) propios.

 

Más datos biográficos de Spinoza

Es necesario investigar la vida de la gente que lo rodeó – dice Meinsma-, aunque más no fuera para explicar por qué escribe el Tractatus theologico-pofiticus y lo publica en vida [1670]. Meinsma compara y corrige las biografías anteriores; añade informaciones relevantes sobre el viaje de Spinoza a Utrecht; sobre su discípulo Adriaan Koerbagh ( 1632-1669); sobre su relación con Henry Oldenburg (1619-1677); en fin, advierte por primera vez la importancia del Breve tratado [ c.1660]. Recoge materiales sobre el viaje de Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) a Holanda y su entrevista con Spinoza. El lector iberoamericano puede concluir de la obra de Meinsma una enseñanza que, por obvia, quizás pase inadvertida al holandés o francés. En el Tratado  teológico-político se demuestra que únicamente el Estado que permite que cada hombre piense como quiera y diga lo que piensa tiene garantizada su estabilidad, y que esto ocurre plenamente sólo en el Estado democrático.

Por medio de la reconstrucción de la vida de Spinoza y de la historia de los disidentes holandeses, Meinsma nos muestra que esa estabilidad no se logró con la sucesiva y brusca sustitución de una ortodoxia por otra sino gracias al esfuerzo cotidiano, a las renuncias cotidianas, en busca de la coexistencia  simultánea de heterodoxias. Investigaciones posteriores a la de Meinsma contribuyeron, en parte, a desactualizarla. La Lebensgeschichte Spinoza in Quellenschrifien Urkunden und Nichtamlichen Nachrichten de Jacob Freudenthal; Spinoza Mercator et Autodidactus de Abraham Mordechai Vaz Días y Willem Gerard Van Der Tak; los trabajos más recientes de Madeleine Frances y Revah; luego los de Richard H. Popkin, Henry Méchoulan y otros agregan, reexaminan, corrigen, aspectos de la vida del filósofo. Por fortuna, la reciente traducción francesa del libro de Meinsma incorpora gran parte de los resultados de las investigaciones sobre la vida de Spinoza, la Holanda del siglo XVI, los heterodoxos y libertinos y la comunidad judeoportuguesa.

Henry Méchoulan y Gérard Nahon avalan con diversos testimonios la afirmación de Cecil Roth, quien se refirió al “carácter semisagrado” que la lengua española había adquirido para la comunidad judía de Amsterdam en aquella época. “Mucho me gustaría poder escribir en la lengua en que me he educado, porque quizás así podría expresar mejor mis pensamientos”, escribió Spinoza a Van Blijenbergh en una carta fechada el 5 de enero de 1665. Es probable que se refiriera al español, así como también es probable que el origen del Tratado teológico-político haya sido una breve defensa que escribió en español cuando fue expulsado de la sinagoga.

 

El “mito Spinoza”

Debemos nuestro desconocimiento de la vida de Spinoza al propio Spinoza su argumentación geométrica no admite la referencia personal, ni la digresión, ni la anécdota. El “mito Spinoza”, en cambio, es creación conjunta de varios autores. Primero, su amigo Jarig Jelles, o quizás otro amigo, el doctor Lodewijk Meyer, añadieron a la edición de las Opera Posthuma [1677] un par de páginas con datos mínimos sobre la vida del autor recién fallecido. Había nacido en Amsterdam (no consignan la fecha). Estudió primero teología y después filosofía. Fue cartesiano. Pulía lentes para microscopios y telescopios. Abandonó Amsterdam para que lo molestaran menos sus amigos. Vive en Rijnsburg, luego en Voorburg, luego en La Haya. Recibe y rechaza la oferta de una cátedra en Heidelberg. Enferma de tuberculosis.

Instruye que la edición póstuma de sus obras lleve las iniciales “BdS” como única referencia al autor y que su doctrina no se denomine “spinocismo”. Muere el21 de febrero de 1677. Esta noticia de su vida resulta verosímil por su brevedad más que por la amistad de Jelles o de Meyer. Luego vinieron el elogio y el denuesto, en síntesis, el mito. Pierre Bayle (1657 -1706) se propone mostrar en su Dictionnaire historique et critique [1697] que la vida del más célebre ateo que jamás haya pisado la Tierra fue ejemplar, sin tacha, y que, por lo tanto, la moralidad no es una rama de la religión. Un año más tarde, Sebastian Kortholt – hijo de Christian Kortholt, autor de De tribus impostoribus magnis- comienza a preparar una reedición de la obra de su padre. Los tres impostores son Herbert de Cherbury (1583-1648), Thomas Hobbes (1588-1679) y el mismo Spinoza. Sebastian viaja a Holanda a fin de recoger datos sobre la vida de Spinoza e incorporarlos en la nueva edición [ 1700]. En La Haya habla con el pintor Van der Spyck, dueño de la posada donde falleció Spinoza. Además de informaciones útiles sobre los últimos meses de su vida, Kortholt agrega: una joven docta le enseñó latín; dibujaba y pintaba; se consideró cristiano; tradujo la Biblia al latín. En 1693 el pastor luterano Johannes Colerus (Kohler) alquila habitaciones en la misma pensión. Colerus se interesa por la vida de Spinoza y recurre nuevamente a la memoria del pintor Van der Spyck. En el mismo gabinete de trabajo donde solía escribir Spinoza, Colerus prepara su refutación: “La verdadera resurrección de Jesús Cristo de entre los muertos, defendida contra B. de Spinoza y sus discípulos”. Lee el sermón en la Pascua de 1704 y lo publica junto con una reseña biográfica del filósofo impugnado. Colerus exagera informaciones de Kortholt. Spinoza no sólo pintaba y dibujaba, sino que daba clases de dibujo y pintura. Tradujo el Antiguo Testamento al holandés y echó la traducción al fuego. Nunca se consideró cristiano.

 

Dos rasgos de la filosofía de Hobbes

Dos rasgos de la filosofía de Hobbes sirven para presentar un argumento adicional a favor de la libertad de expresión que Spinoza retomará en forma explícita. El argumento procede así: si bien es cierto que se puede por la fuerza obligar a un hombre a guardar silencio o a decir lo que no piensa, no es posible coaccionarlo a que crea íntimamente en algo o a que acepte in foro interno como verdadero algo en lo que sinceramente no cree. Además, continúa este argumento, los hombres naturalmente tienden a expresar lo que piensan. Por consiguiente, dado que no es posible modificar las creencias íntimas de un hombre y puesto que es antinatural pretender que un hombre no exprese lo que piensa, censurar los pensamientos de un hombre es imposible y censurar sus expresiones, aunque posible, va en contra de la naturaleza humana. La tendencia a expresar pensamientos es tan básica según Hobbes que incluso se confunde con el origen mismo del lenguaje. Dice en los Elements of Law, I, 5, 14:

“Las pasiones del hombre, así como son el comienzo de todos sus movimientos voluntarios, así también son el comienzo del lenguaje [speech] que es el movimiento de su lengua. Y los hombres, deseando mostrar a los otros el conocimiento, las opiniones, concepciones y pasiones que están dentro de ellos mismos, y habiendo inventado el lenguaje [language] con este fin, por este medio transfirieron todo ese discurso de su mente mencionado en el capítulo anterior, por el movimiento de sus lenguas, en discurso de palabras[ .. .]” (traducción propia).

Esta explicación acerca de por qué y cómo se pone en movimiento el mecanismo de la palabra se complementa con una observación acerca de una de las pasiones fundamentales en la filosofía de Hobbes: el honor.

 

Los argumentos a favor de la libertad de expresión basados en la ecuación entre derecho y poder – I

Durante los primeros quince capítulos del TTP Spinoza procuró distinguir entre filosofía y teología y mostrar que la teología (i. e. la Biblia) concedía a cada individuo libertad de filosofar. A partir del capítulo XVI comienza la última sección del tratado, que es la sección propiamente política. Spinoza la presenta como una investigación que pretende determinar hasta dónde se extiende, en el mejor Estado (in optima Republica), esta libertad de pensar y decir lo que uno piensa (cap. XVI, p. 189). Es decir, si nos guiamos por las propias palabras de Spinoza al comienzo del capítulo XVI, podríamos concluir que en el resto de la obra no se ofrecerán nuevos argumentos tendientes a fundamentar la libertad de expresión, sino tan sólo se buscarán criterios para fijar sus límites. De ser así, la analogía básica que estructura el libro sería el único argumento propiamente dicho a favor de la libertad de filosofar. Intentaré mostrar que éste no es el caso, pues en la sección propiamente política del ITP (capítulos XVI-XX) Spinoza ofrece varios argumentos filosóficamente fundamentados (i. e. que no se basan en las Escrituras).