Solamente en nuestra alma podemos buscar estas nociones simples

Lo primero que ahora hay que explicar es la manera de concebir las nociones que pertenecen a la unión del alma con el cuerpo, sin las que pertenecen al alma sola o al cuerpo solo. Descartes señala que para esto puede servir lo que escribió al final de las “Respuestas a las sextas objeciones”. Solamente en nuestra alma podemos buscar estas nociones simples. El alma, por su naturaleza, contiene en sí todas las nociones simples. Pero no siempre las distingue de otras, o no las atribuye a los objetos a los cuales debe atribuírsele. Por ejemplo, antes de llevar a cabo el ejercicio de las Meditaciones solía confundir la noción de la fuerza con que el alma actúa en el cuerpo con la fuerza con que un cuerpo actúa sobre otro. Este error ocurría porque todavía no conocíamos el alma y atribuimos la noción de la fuerza con que el alma actúa sobre el cuerpo y la de la fuerza con la cual un cuerpo actúa sobre otro a diversas cualidades de los cuerpos (como serían el calor, la gravedad … ). Además, imaginábamos que estas cualidades eran reales, es decir, que tenían una existencia distinta de la del cuerpo y, por’ consiguiente, eran sustancias aunque solían llamarse cualidades. ¿Cómo concebíamos -equivocadamente- estas sustancias? Nos servíamos tanto de las nociones que están en nosotros para conocer el cuerpo (i.e., la extensión y sus derivados) como de las que están para conocer el alma (pensamiento y derivados). Si lo que le atribuíamos a esas sustancias o cualidades reales era material, recurríamos a las nociones comunes referidas a la extensión; si era inmaterial, a las propias del pensamiento. Así, equivocadamente suponíamos que la gravedad es una cualidad real o sustancia y le atribuíamos fuerza para mover el cuerpo en el cual está hacia el centro de la tierra. No pensábamos que esto ocurría por un contacto real de una superficie contra otra (ya sea porque se trataba de una relación entre dos cuerpos distantes uno del otro o porque se concebía la gravedad como inmaterial). Pero en nosotros mismos experimentamos que tenemos una noción particular -la de la unión del cuerpo y del alma- y equivocadamente la aplicamos a la gravedad. El error consiste en no advertir que la gravedad no es algo realmente distinto del cuerpo (i.e., no es una cualidad real o sustancia). La noción primitiva de la unión nos ha sido dada para concebir “el modo como el alma mueve el cuerpo”, pero no para concebir cómo un cuerpo mueve a otro.

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Autor: leiser-madanes

Leiser Madanes es doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Actualmente se desempeña como profesor titular de Filosofía Política en la Universidad Nacional de La Plata. Su principal área de estudio es la filosofía moderna.

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