Tampoco existe un poder soberano que pueda hacer cualquier cosa a su antojo

En el capítulo XVI Spinoza argumentó a favor de la soberanía absoluta del Estado. Siguiendo en líneas generales a Hobbes, mostró que el miedo a la muerte impulsa a los individuos a renunciar a su derecho natural e instituir un soberano que tiene poder suficiente como para garantizar la paz pública. En el capítulo XVII Spinoza advierte que las conclusiones a las que ha arribado en el capítulo anterior son, en muchos aspectos, puramente teóricas. Ningún hombre puede transferir todo su derecho y poder a las potestades supremas, al punto tal de dejar de ser hombre. Tampoco existe un poder soberano que pueda hacer cualquier cosa a su antojo. No es posible, por ejemplo, mandar sobre las almas como sobre las lenguas (cap. XVII, p. 202), aun cuando el soberano pueda inducir a ciertos hombres a que crean, amen y odien lo que él (i. e. el soberano) desea. A partir del capítulo XVII Spinoza centra su atención en el individuo, y no en el Estado; en el súbdito, y no en el soberano. Argumenta a favor de la soberanía absoluta del individuo sobre sus pensamientos. En este argumento reconocemos a Descartes.

 

Ética, demostrada en orden geométrico – 2

Nuestra comprensión de una demostración de geometría no depende de las imágenes que circunstancialmente podamos asociar a los términos de dicha demostración. Nos resulta imposible imaginar una figura de 567 lados, o un triángulo en general, que no sea ni isósceles, ni equilátero ni escaleno. La imaginación, en casos como estos, no auxilia la comprensión sino más bien la confunde. Las disputas que en otros campos quedan sin solución se originan en ideas confusas de la imaginación. Por ejemplo, si cuando razonamos acerca de Dios lo asociamos a alguna imagen en particular, seguramente caeremos en confusiones antropomórficas o mitológicas.

Las imágenes que se forma cada hombre dependen de sus propias experiencias sensibles y se asocian unas a otras también según sean las experiencias de cada uno. Esta asociación de ideas, característica de la imaginación, debe distinguirse de la relación lógica entre ideas, propia de la actividad de razonar. Nuestras ideas o contenidos mentales se asocian de manera muy diferente cuando soñamos o fantaseamos libremente ·y cuando seguimos los pasos de una demostración matemática. Depurando nuestra mente de’ estas ideas confusas de la sensibilidad y de la imaginación, se obtendrá sobre’ cualquier tema un conocimiento tan cierto como el de la matemática. Spinoza insiste en la necesidad de distinguir de manera tajante entre entendimiento e imaginación y no dejar que la segunda ofusque al primero tal como, según cree, le había sucedido a Descartes.