¿Qué es lo que se obedece? O ¿a quién se obedece?

Si se logra determinar qué es la fe y cuáles son sus fundamentos -razona Spinoza- se aclarará hasta dónde llega, según la Biblia, la libertad que cada uno tiene de pensar lo que quiera.  Además, se sabrá a quiénes hay que considerar como fieles a pesar de las diversas opiniones sobre diversos temas. Si, por último, se logra distinguir entre fe y filosofía, quedará garantizado un campo de investigación (i. e. el de la filosofía) inmune a las limitaciones que la fe impone a la libertad de pensar, cualesquiera sean esas limitaciones. Según Spinoza, nadie puede discutir que la intención final de toda la Escritura era enseñar la obediencia (“obedientiam docere”, cap. XIV, p. 174). En esto hay plena coincidencia con Hobbes. Ambos testamentos son “doctrinas de obediencia” (“obedientiam disciplinam”). Spinoza distingue claramente entre convencer  (“convincere”) y obligar (“obligare”). Moisés, por ejemplo, no intentó convencer al pueblo por medio de la razón acerca de la bondad de Dios, sino obligarlos a obedecer ciertas leyes por medio de la alianza y de juramentos que iban acompañados de un complejo sistema de premios y castigos. Todos estos medios (alianzas, juramentos, castigos, beneficios, etc.) -dice Spinoza- no se destinan a las ciencias sino a la obediencia. Moisés legisla, pero no enseña.

Spinoza, entonces, igual que Hobbes reduce toda la Escritura a un simple precepto de obediencia. Pero, ¿qué es lo que se obedece? O ¿a quién se obedece? Aclara Spinoza: “[ … ] La misma Escritura enseña clarísimamante en muchos pasajes qué debe hacer cualquiera para obedecer a Dios, a saber, que toda la ley consiste exclusivamente en el amor al prójimo” (loe. cit.). Obedece a Dios quien ama al prójimo. Quien no ama al prójimo no obedece a Dios. Las ceremonias, los cultos, los dogmas, las liturgias no son necesarios. Ni siquiera es necesaria la creencia en un Dios personal y trascendente. Más aún, no es necesaria ningtma creencia. Basta con observar una conducta o estar dispuesto de determinada manera hacia nuestros semejantes, actitud que se define como de “amor al prójimo”. La Biblia, agrega Spinoza, no fue escrita y divulgada para un grupo de expertos. Es un texto escrito para un público amplio, compuesto por hombres y mujeres de diversas edades, épocas y culturas.

A partir de esta intención universal de la Biblia, Spinoza infiere la siguiente consecuencia:

“Esto basta para demostrar con toda evidencia que nosotros no estamos obligados, por mandato de la Escritura, a creer nada más que aquello que es absolutamente necesario para cumplir este precepto del amor” (loe. cit.).

 

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Autor: leiser-madanes

Leiser Madanes es doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Actualmente se desempeña como profesor titular de Filosofía Política en la Universidad Nacional de La Plata. Su principal área de estudio es la filosofía moderna.

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