La crítica de las formas sustanciales – Parte 1

La física aristotélico-escolástica estudiaba el cambio o movimiento, tomando el nacimiento de un nuevo ser o la generación de una nueva sustancia como modelo de todos los restantes cambios. El cambio de una cualidad (por ejemplo, la piedra que se calienta bajo el sol) o de lugar (por ejemplo, un hombre que camina) difieren, a simple .vista, de la germinación de un árbol a partir de una semilla. Sin embargo, guiados por el modelo biológico, los físicos tendían a explicar todos los cambios como si se tratase del nacimiento de un efecto a partir de una causa, de forma análoga al ejemplo del árbol o al nacimiento de un animal.

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Por naturaleza de una cosa se entendía el principio interno que la hacía nacer, moverse, cambiar. A diferencia de las cosas artificiales, los seres naturales (animales, plantas, elementos tales como el agua, el fuego, el aire) tenían en sí mismos el principio de sus cambios. Como, además, se consideraba que el principio de las acciones u operaciones de un ser vivo es el alma, ésta se constituyó en el modelo o prototipo de naturaleza para el físico. Así como el alma explica los cambios que se producen en un ser vivo, algo similar a un alma – aun cuando no se trate propiamente de un alma- explicará los restantes cambios que observamos en los seres naturales.

En la concepción sustancialista clásica se suponía que la materia era pasiva y que sólo la forma podía desempeñar el principio sustancial generador. La naturaleza de una cosa -su alma, el principio de sus cambios- se identificó con la forma de dicha sustancia. Cuando la forma sustancial se une a la materia, se genera un nuevo ser y cuando se separa de la materia, se destruye un ser real. El reconocimiento y clasificación de las formas sustanciales constituía la tarea propia del físico.

En las Meditaciones metafisicas, Descartes muestra que cuerpo y alma no deben comprenderse según el modelo tradicional de una ‘única sustancia compuesta por materia (cuerpo) y forma (alma), sino que son dos sustancias distintas que no necesitan una de la otra para existir o para cambiar. Se desespiritualiza así el objeto propio de la física convirtiéndose en mera espacialidad. Los cambios observados en la naturaleza extensa no deberán explicarse mediante el recurso a las almas o formas sustanciales. Todos los fenómenos que ocurren en la naturaleza física se explicarán mediante categorías propias: magnitud, figura, movimiento.

Hacia fines del siglo XVII el concepto de forma sustancial había caído en desprestigio. Designaba una cualidad oculta cosificada bajo el oscuro concepto de virtud o poder de una cosa para producir sus efectos característicos, como por ejemplo la vis dormitiva del opio, ridiculizada por Moliere (1622-1673), o la tendencia natural de los cuerpos pesados hacia el centro de la Tierra.

 

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Autor: leiser-madanes

Leiser Madanes es doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Actualmente se desempeña como profesor titular de Filosofía Política en la Universidad Nacional de La Plata. Su principal área de estudio es la filosofía moderna.

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