De Iure Belli ac Pacis

Hugo Grocio, en De Iure Belli ac Pacis [1625], se refiere al arbitraje como recurso para evitar la guerra entre Estados y como manera de eludir, mediante un acuerdo entre las partes, la intervención del juez. Grocio ofrece varios ejemplos históricos de arbitrajes internacionales en la antigüedad, y luego recomienda este procedimiento a los príncipes cristianos recordando que tanto los antiguos judíos como cristianos recurrían a sus propios árbitros a fin de evitar juicios ante jueces y tribunales que eran extraños a su religión. Esta práctica, recomendada por San Pablo, debe ser imitada por los actuales gobernantes para evitarlas calamidades de la guerra (op. cit., libro ll, XXIII, 8). Grocío distingue varias clases de arbitraje. Reconoce que en ciertos casos las leyes civiles podrían juzgar la conducta de los árbitros, pero aclara que esto nunca puede ocurrir cuando se trata de arbitrajes entre monarcas o naciones sobre quienes no pesa un poder de coacción común y superior. “El decreto de estos árbitros deberá ser por lo tanto final y sin apelación” (op. cit., libro

III, cap. XX, 46). Éste es un ejemplo de arbitraje “que debe obedecerse, se trate de una decisión justa o injusta” (loe. cit.) pues las partes consintieron en obedecer. Nuevamente encontramos en Grocio la vinculación entre arbitraje y equidad.12 Una de las críticas más agudas que se le han formulado al contractualismo político consiste en achacarle que tiende a privatizar el Estado, pues recurre a una categoría propia del derecho privado (el contrato entre personas) para fundamentar la esfera de lo público por excelencia, esto es, el Estado soberano.

Quienes se oponen al contractualismo político rehúsan derivar la legitimidad del Estado a partir de las relaciones entre sujetos privados. Hobbes es lm contractualista sui generis: por liD lado, recurre a la controversia entre hombres privados y a la figura legal del contrato para fundamentar la institución del soberano; por otro lado, ningún contrato vincula al soberano con los súbditos.

Quizá se comprenda mejor esta especificidad hobbesiana si la observamos a la luz de una reflexión muy general que hace Norberto Bobbio con respecto a juristas que privilegian el derecho privado sobre el público (y consideran que el derecho es liD conjunto de reglas de convivencia) y a juristas que privilegian el derecho público sobre el privado (y que consideran que el derecho es un conjunto de reglas para dirigir acciones dispersas hacia un fin común). Dice Bobbio: “Para los privatistas el derecho es la especie de árbitro que es llamado a dirimir conflictos; para el publicista, el derecho asume más bien la figura del comandante que coordina los esfuerzos de su tropa para vencer en la batalla” .13 En la obra de Hobbes se superponen ambas tendencias: a veces se piensa al soberano como comandante, otras como árbitro. Los comentaristas de Hobbes suelen detenerse en la figura del soberano comandante. El soberano árbitro, en cambio, suele pasar inadvertido.

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Autor: leiser-madanes

Leiser Madanes es doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Actualmente se desempeña como profesor titular de Filosofía Política en la Universidad Nacional de La Plata. Su principal área de estudio es la filosofía moderna.

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