Hobbes y la libertad de expresión – Parte 5

En alguna de las partes, estas cortes tuvieron varias oportunidades de ir estableciendo reglas que tomaron cada vez más complejo el otrora sencillo trámite del árbitro privado. Estas reglas fijaban condiciones de validez de un arbitraje, así como también las maneras de obligar su cumplimiento, la conducta de los árbitros y hasta los temas sobre los cuales no se podía recurrir a un arbitraje privado. No resulta extraño que Hobbes, que se opuso a los juristas de su época tanto como al clero, reivindicara este procedimiento para el soberano con el fin de disminuir la cuota de poder de los juristas dentro de la sociedad. 6 Otras dos observaciones de Holdsworth son pertinentes para nuestra interpretación. Ya hacia fines del siglo XVII se consideraba que haberse sometido a un arbitraje, esto es, haber acordado el procedimiento y haber elegido al árbitro, equivalía a un contrato entre las partes (p. 188). La figura del arbitraje queda así íntimamente ligada al contrachtalismo. Pero más importante aún, Holdsworth nota que en la jurisprudencia inglesa los jueces han considerado contrario al derecho nahtral que un tribunal rehúse comunicarle a las partes en litigio las razones que lo llevaron a fallar de determinada manera. Sin embargo, se consideró asimismo que este principio no se aplicaba a los árbitros, y hasta 1698 una corte de common law no podía anular un arbitraje aduciendo inconducta por parte de los árbitros. “La razón para que las cortes rehusaran remediar casos como éstos parecería ser que, como las partes habían elegido al juez, tenían que hacerse cargo de sus defectos. Por esta razón no era posible muestran que era tm procedimiento coml”m en la Inglaterra medieval. Pero las cortes no veían favorablemente esta práctica apelar un arbitraje, incluso si estaba basado en una interpretación equivocada de los hechos o de las leyes … ” (p. 200). Es decir, la verdad o corrección de la decisión del árbitro no son factores relevantes. A. W. B. Simpson7 observa que el fin perseguido cuando las partes se someten a un árbitro se vería frustrado si éstas conservaran el derecho de recurrir a las cortes del Estado una vez producido el arbitraje. Esta figura legal únicamente cumple su función si es definitiva e inapelable. Simpson cita algunos ejemplos tomados de casos del siglo XV donde las partes renunciaban, al someter su disputa a la decisión de tm árbitro, a futuras acciones legales sobre el mismo caso en disputa. Hoy en día solemos considerar que la Corte Suprema de Justicia es el último recurso al cual podemos apelar no sólo en nuestras disputas privadas, sino también cuando el poder soberano (por ejemplo, el Congreso de la Nación) sanciona una ley que supuestamente lesiona uno de nuestros derechos. El pensamiento político de Hobbes se opone a este tipo de constitucionalismo. Incluso, diría yo, lo invierte: podemos recurrir al soberano (ya sea tm monarca o una asamblea) cuando consideramos que los jueces han fallado de manera injusta. El soberano se reserva la función de árbitro final. No juzga según la ley escrita, sino según su conciencia. Una de las maneras de pensar lamonarquía en época de Hobbes consistía en considerar que era función del soberano estar por encima de los jueces y de las leyes, corrigiéndolas a su arbitrio.

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Autor: leiser-madanes

Leiser Madanes es doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Actualmente se desempeña como profesor titular de Filosofía Política en la Universidad Nacional de La Plata. Su principal área de estudio es la filosofía moderna.

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